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Si aún no has aceptado estas 3 duras verdades, eso explicaría porque tienes pocos resultados en tu vida

“Finalmente concluí que todo fracaso provenía de una voluntad tambaleante en lugar de una rueda tambaleante.”
Frances Willard

1893. Evanston, Illinois, Estados Unidos.

Sobre una carretera de tierra amarilla, la cual fue trazada por carruajes halados por caballos que habían pasado cientos de veces por ahí abriéndose paso y rasgando la vegetación con sus ruedas creando aquel camino, iba ella, Frances Willard, montada sobre una bicicleta.

El sol no solo iluminaba su paso, sino también su rostro, el cual era acariciado levemente por el viento cada vez que avanzaba, lo que al mismo tiempo evitaba que el polvo que levantaba con sus ruedas la ensuciara.

De vez en vez ella miraba a sus laterales durante cortos segundos antes de poner su vista al frente de nuevo. A la izquierda había un campo recién arado para la cosecha de trigo, y a su derecha había docenas de robles que movían sus hojas con el viento y que generaban pequeños retazos de sombras en el suelo.

A pesar de tener poco más de cincuenta años, su vigorosidad al pedalear era admirable, sobre todo si tenemos en cuenta que su vestido victoriano negro, cuya falda llegaba casi hasta el tobillo, pesaba alrededor de diez kilos. Aun así, mantenía su mente fija en su punto de destino donde iba a encontrarse con una de sus jóvenes aprendices.

Ya estaba por llegar. A cada pedalazo la imagen de la joven se hacía cada vez más grande y cercana, y Frances podía apreciar con mayor detalle el vestido amarillo ocre y el corsé blanco que la otra vestía. Su aprendiz la miraba llegar con una sonrisa que intentaba ocultar su rostro de sorprendida y perpleja.

—¿Cómo haces para montarla?

—Con gran coraje y destreza —responde Frances mientras disminuye su velocidad estando a pocos metros de la joven—, de los cuales tú eres muy capaz.

—Pero, ¿cómo pedaleas vistiendo esas cosas tan incómodas?

En ese momento Frances frena abruptamente pues había llegado a su destino. Debido a su largo vestido, trastabilló y estuvo a poco de golpear la joven mientras bajaba de la bicicleta, por fortuna no pasó nada.

—Cuidadosamente —vuelve a responder Frances riendo un poco y con una sensación de agradecimiento interna por no haberla chocado—. Tu turno.

Voltea la bicicleta para que la rueda delantera esté apuntando hacia la dirección de donde ella venía, y la sostiene en señal de que espera que la joven se suba en la misma y empiece a pedalear. El gesto fue entendido correctamente por su aprendiz quien, a pesar de mostrar inseguridad en su mirada, tomó asiento y puso sus manos en el manubrio y el pie izquierdo en el pedal izquierdo.

—Aquella que tenga éxito adquiriendo el dominio de la bicicleta obtendrá el dominio de la vida —le dijo a su aprendiz para inocularle confianza—. Y las dos cosas que deben ocupar tus pensamientos excluyendo todo lo demás son…

—Primero, el objetivo.

—En efecto. Y tu objetivo de hoy será ese árbol —le dijo señalando a un roble que se encontraba a 50 metros de distancia—.

Así que se puso detrás de la chica de la misma forma que lo haría un padre que enseña a su hijo a montar bicicleta para ayudarle a mantener el equilibrio mientras ella pedalea. La chica comenzó a avanzar tambaleando un poco, pero ganando dominio y equilibrio a cada pedalazo.

Frances fue soltando la bicicleta de a poco para permitir que avanzara ella sola y se diera cuenta de que sí podía, aun así caminaba los pasos iniciales con ella para darle las últimas inyecciones de confianza.

—Lo primero es el objetivo —le recordó Frances—. ¿Y lo segundo?

—El impulso necesario para alcanzarlo.

—Exacto. No mires al piso, mantén tus ojos en el objetivo.

Como esa última frase Frances la dijo gritando un poco pues la chica ya había avanzado algunos metros por sí misma dejándola atrás, la joven se asustó y volteo a verla mientras perdía un poco el equilibrio ganado.

Por fortuna, su mentora le hizo un gesto con sus manos señalando el roble como indicación de que tenía que poner su vista al frente y avanzar.

Como buena alumna, le hizo caso a su maestra y recuperó su confianza poniendo su mirada en el árbol, al cual llegó, aunque casi lo choca porque cuando frenó su vestido también la hizo trastabillar de la misma forma que Frances cuando estaba llegando a su encuentro.

La bicicleta terminó en el suelo, pero la chica indemne, así pues ambas mujeres irrumpieron a reír por el suceso.

Frances, entre risas, miró orgullosa a su aprendiz bajo la sombra del árbol y le vino a la mente un recuerdo de su infancia.

Finales de la década de 1840. Janesville, Wisconsin, Estados Unidos.

Frances se encontraba corriendo y jugando alrededor de los árboles que se encontraban cerca de su casa. Llevaba una vida afortunada para una pequeña mujer de su época, ya que a ella se le permitía jugar de esa manera. En contraste, a las demás niñas las criaban para servir a su hogar y a su marido desde edades tempranas. El matrimonio no tenía un mínimo de edad y había chicas de entre 10 a 14 años que las casaban con hombres mucho mayores que ellas.

—¡Frances! Vuelve a casa, tu padre ha regresado.

Estas eran las palabras que le decía su abuela y le avisaban que debía parar su juego momentáneamente para ir a recibir a su padre en la sala. Así que ella revisaba sus zapatos y su ropa para ver que estuviesen limpios antes de entrar a la casa y recibirlo. Una vez allí se paraba al lado de la silla de su abuela a la espera de la entrada de su padre.

—Oh mi querida niña —dijo amorosamente, Josiah, su padre—. Veo que has estado jugando. Sólo espero que cuando crezcas consigas un buen hombre y críes tus hijos con el mismo amor que yo te doy.

Frances estaba feliz de verlo, amaba a su padre. Además, le encantaba esos momentos porque se sentaban los tres y el padre empezaba a hablar sobre pensamientos e ideas que últimamente había tenido o que había escuchado. Eran momentos de mucho aprendizaje para la niña, una educación diametralmente opuesta a la que recibía cualquier infante por esos años.

Pasaron los minutos, las palabras fluían de la boca de su padre, el tema rondaba en torno a los problemas que ocurrían por las excesivas libertades que poseían las personas en el estado, en especial aquellas que tenían que ver con el consumo de alcohol. A diario se escuchaban historias de familias destruidas por un padre que se ahogaba en la adicción al whiskey.

—Me pregunto si alguna vez Wisconsin tendrá alguna ley de prohibición —dijo el padre como cuando un pensamiento se escapa de la boca y no espera respuesta—.

—Así será Josiah —respondió la abuela gentilmente—. Algún día existirá tal ley por sobre todas estas tierras cuando las mujeres puedan votar.

Las palabras de su padre y su abuela fueron como una epifanía para aquella niña. Frances no olvidaría ese momento jamás, y tomaría las ideas de ambos como el trabajo de su vida durante los años siguientes.

Desde entonces dedicó el resto de su vida a lograr el sufragio universal y a atacar el problema del alcoholismo.

Semanas después de la reunión con la joven aprendiz

Frances y su joven aprendiz iban montando sus bicicletas con destreza y coraje.

Ambas se dirigían hacía un recinto donde Frances iba a dar un discurso para la WCTU (Woman’s Christian Temperance Union, en español sería la Unión de la Templanza de Mujeres Cristianas), organización de la que ella era presidenta, la cual buscaba más libertades para las mujeres, mejor educación para los niños, y generar mayor conciencia sobre los daños físicos y sociales que producía el consumo excesivo de alcohol.

Ambas iban usando pololos en vez de los ataviados e incómodos vestidos largos, esto les permitía pedalear con mayor desenvolvimiento y dominio.

Sin embargo, su vestimenta y el hecho de ir pedaleando generó que recibieran las miradas desaprobatorias de todos aquellos que las veían pasar. Algunos no se quedaban callados y les gritaban cosas como como <<consigan un marido>> o <<vuelvan a casa con sus esposos>>.

Llegaron a un punto donde les tocó detenerse porque pocos metros adelante vieron a dos hombres jóvenes que amenazaban con arrojarles tomates si seguían por ese camino.

—Pasa lo mismo con todas las reformas —le dice Frances a su aprendiz para reavivar la confianza en ambas mientras tomaba impulso para volver a avanzar dando el primer pedalazo—. Algunas veces parecen retrasarse, entonces apenas se balancean, nuevamente se vuelven a ir tan alegremente como si nunca hubiesen sido amenazadas de ser detenidas del todo.

Las dos mujeres lograron avanzar con convicción habiendo esquivado milagrosamente todos los tomates que les arrojaron. Así ambas pudieron llegar a su destino donde varias miembros de la organización la estaban esperando.

Finalmente, Frances pudo dar su discurso en el que le recordó a su audiencia que el mundo también fue creado para las mujeres.

Gracias a sus actos y palabras que inspiraron a muchas más mujeres, logró influir a tal punto que, décadas después, se aprobaron la enmienda 18 y 19 en la constitución de Estados Unidos, enmiendas que trataban sobre la prohibición del alcohol y el sufragio femenino, respectivamente.

Compromisos = Resultados

“El compromiso es una declaración de lo que ‘es’. Tú puedes saber a qué estás comprometido por medio de tus resultados, no a través de lo que dices que son tus compromisos. Todos estamos comprometidos. Todos estamos generando resultados. El resultado es una prueba del compromiso.”
Jim Dethmer, Diana Chapman, y Kaley Klemp

Los compromisos reales se ven reflejados en los resultados.

Tus resultados actuales son la consecuencia de compromisos que ya has adquirido, sea de forma consciente o inconsciente.

Cuando tus compromisos sean a futuro, solo el tiempo nos dirá si son auténticos o no por medio de tus resultados en el futuro. Aunque en el fondo tú ya sabes esa respuesta desde el principio.

Cambiar tus resultados actuales requiere adquirir compromisos distintos.

Obtener mejores resultados requiere adquirir compromisos mucho más elevados y ambiciosos.

Una vez entrenaba en un gimnasio donde conocí a un joven un poco gordo y de poca estatura llamado Camilo. Él, como la mayoría de las personas que asiste a un gimnasio, iba allí porque tenía objetivos estéticos, ya sabes, lo típico de verse más musculoso y definido.

Él asistía a sus entrenamientos cumplidamente. A nivel de desempeño estaba levantando muchísimo más peso que al principio, aunque visualmente se veía casi igual de gordo que en sus inicios. Es como si sus progresos de desempeño no se vieran reflejados en su cuerpo en términos visuales. De hecho, si te lo encontrabas y él te contaba que entrenaba de la forma impresionante en que lo hacía (porque me consta), su panza y su apariencia te hubiesen hecho dudar de sus palabras.

¿Por qué él, a pesar de entrenar tanto, seguía viéndose igual? La respuesta se debe a sus compromisos.

Si bien lo que ocurre en el entrenamiento en sí es importante, y él estaba muy comprometido con eso, las cosas que ocurren por fuera de este también lo son e impactan en los resultados globales. Fue en esas cosas de afuera donde él tenía compromisos contrarios a su objetivo estético. Tenía malos hábitos de descanso y una alimentación poco controlada, así pues, a la corta o a la larga, los resultados de esos compromisos contrarios iban a verse reflejados. En su caso se reflejaban como un cuerpo que no parecía trabajado en absoluto pese a muchos meses de gimnasio intenso que él le había dedicado.

Desconozco del todo cómo se sentía aquel chico viendo tanto esfuerzo invertido sin obtener los objetivos que perseguía, pero puedo adivinar que esa sensación puede estar relacionada con cierta frustración y resignación. Así viven muchas personas en la actualidad, trazando objetivos que nunca consiguen porque adquieren los compromisos incorrectos, sea por desconocimiento y/o por falta de consciencia. Tal como la famosa frase de Henry David Thoreau:

“La mayoría de los hombres llevan vidas de desesperación silenciosa; lo que es llamado resignación, no es más que desesperación confirmada.”

Tu peso y talla de cintura son el resultado de tus compromisos físicos actuales.

Tu nivel de ingresos son el resultado de tus compromisos financieros actuales.

El tipo de relación que tienes con tu pareja también hace parte de tus compromisos actuales.

Y así con cualquier aspecto de tu vida. Nada escapa a este precepto, incluso el hecho de cómo otros te tratan, pues si existe maltrato es porque inconscientemente lo permites y no te has comprometido a hacer que otros te respeten.

Repito, los compromisos se reflejan en los resultados, no en las palabras. Por eso, cuando escucho a alguien decir que si él/ella quisiera, podría lograr o tener x, sé que mienten pues sus resultados actuales no reflejan ese compromiso.

Si pudieran, ¿por qué aún no lo han hecho? Dudo que sea falta de deseo. Es más por falta de capacidad. Esas palabras no son más que una justificación mediocre de porque no lo han logrado y del porqué deciden seguir como hasta ahora. Lo sé porque yo mismo las he pronunciado, y sólo hasta que tuve consciencia de mi mediocridad, no pude librarme de ese estado y lograr las cosas que quería.

Trabajaba en un call center donde mi desempeño era mediocre, de mitad de tabla, superior a algunos e inferior a otros. Miraba con cierta envidia a los top-performers y siempre decía que si me interesara realmente sería uno de ellos, pero al final de cada mes que entregaban resultados seguía quedando en el promedio y mi envidia aumentaba inconsciente y silenciosamente.

Meses después todo cambió. Me dije la verdad, fue duro pero necesario. Admití que eso sí era algo que era importante para mí pues me afectaba no conseguirlo, de otra manera no hubiera sentido envidia. También reconocí que la forma en la que trabajaba era muy mediocre y que podía hacer aún más, sumado a que, si no podía actuar basado en mis estándares más altos en este trabajo, cuando asumiera una ocupación que requiriera mayores niveles de responsabilidad tampoco iba a dar excelentes resultados, ya que mi compromiso era con la mediocridad. Después de esta sesión de honestidad conmigo mismo mi desempeño empezó a aumentar, mi nombre empezó a aparecer entre los primeros puestos de la lista, y fue inevitable que meses después ocupase el primer lugar de la misma. Sin embargo, nada de eso hubiese pasado si no hubiese roto mi compromiso con la mediocridad para iniciar uno nuevo con la excelencia.

Hace dos siglos, las mujeres, en general, solo cumplían con roles del hogar y tenían poca o ninguna participación en la sociedad, lo cual se debía a que ellas estaban comprometidas con esas formas de llevar la vida. Esto lo podemos evidenciar con muchas mujeres que estuvieron en contra de movimientos que buscaban más libertades para las mujeres, aun cuando eso las beneficiaba.

A pesar de sonar absurdo, muchas veces habrá una percepción de imposibilidad en romper compromisos actuales para adquirir compromisos mejores, todo debido principalmente a una sensación de incertidumbre. Por eso, adquirir compromisos conscientemente debe venir precedido de habernos llenado de coraje y de la información adecuada para eliminar la sensación de incertidumbre y facilitar el cambio, de otra forma no sería más que <<un salto de fe>> que no todos están dispuestos a realizar.

Frances Willard y las mujeres que pertenecían a estos movimientos que buscaban más libertades para las mujeres fueron las que eliminaron esa incertidumbre en otras mujeres que querían lo mismo, las educaron y les mostraron un mundo en el que las mujeres tenían más posibilidades, e hicieron que fuera posible adquirir un compromiso con esa realidad que perseguían. Lógicamente, cambiar un compromiso colectivo tan grande y aceptado a nivel general en una sociedad no fue trabajo fácil y tomó sus décadas, pero como el compromiso de estas mujeres fue mucho más grande que eso, sus resultados se han visto reflejados finalmente.

Así que, si un trabajador de call center mediocre pudo convertirse en el mejor de la campaña, y si un grupo de mujeres pudo cambiar una realidad global, todo por medio de adquirir mejores compromisos, tú también puedes cambiar la realidad de tu vida y tus resultados de la misma manera. Comienza entendiendo tu realidad actual y los resultados que actualmente tienes.

¿Qué compromisos actuales has adquirido consciente e inconscientemente hasta ahora?

¿Has sido mediocre?

¿Qué resultados te gustaría tener?

¿Qué compromisos deberías adquirir para obtener esos resultados deseados?

¿Bajo qué estándares vas a actuar desde ahora?

Integridad = Resultados

“Cuando alguno hiciere voto a Jehová, o hiciere juramento ligando su alma con obligación, no quebrantará su palabra; hará conforme a todo lo que salió de su boca.”
Números 30:2

Recordemos que los compromisos sólo se ven reflejados en los resultados, no en las palabras. Sin embargo, sí hay una manera en que nuestras palabras pueden reflejar un compromiso auténtico: siendo íntegros.

La integridad se trata de hacer las cosas que dijiste que ibas a hacer, cómo dijiste que las ibas a hacer, y cuándo dijiste que las ibas a hacer.

¿Dijiste que ibas a bajar de peso este año? Hazlo este año.

¿Dijiste que desde este mes ibas a ahorrar? Separa el dinero este mes.

¿Dijiste que hoy ibas a llamar a un ser querido? Toma el teléfono y comienza a llamar.

La vida puede aparentar ser injusta en algunas circunstancias, sin embargo, es todo lo contrario. Todo lo que pasa es justo y tiene que pasar, sucede para ti y tiene un propósito. Por ese mismo motivo la vida no va a cometer la injusticia de premiar gente que no lo merece. Sé íntegro y cosecha méritos.

No todos los compromisos son iguales, algunos requieren de pocas acciones para tener los resultados esperados, mientras que otros requieren de una acumulación de muchas acciones en un largo periodo de tiempo para cumplirse. La pregunta es, ¿lo harás cuándo y cómo dijiste que lo harías?

¿Cosecharás los méritos necesarios para esa recompensa?

Tal como dijo Warren Buffet:

“Busca estas tres cosas en una persona: inteligencia, energía, e integridad. Si no tienen la última, ni siquiera te molestes.”

La vida es así, y verá que tan íntegro eres para darte acorde a lo que merezcas. De seguro esta es la razón que explica porque sí o porque no has obtenido los resultados que anhelas.

La integridad es un ejercicio que fortalecemos con cada acción hecha, por eso haz conforme salga de tu boca. Llega puntual a tus reuniones, paga cumplidamente tus cuentas, entrega tus proyectos en las fechas pactadas, y todo lo que haga falta. Cualquier compromiso adquirido conscientemente debió haber sido firmado con la tinta de la integridad para que sus resultados se materialicen.

Muchas mujeres estaban seguras de que una realidad en la que ellas pudieran votar y tener los mismos derechos que los hombres era posible, de modo que tuvieron la integridad suficiente para continuar sus obras sin importar el rechazo y la oposición que enfrentaron durante décadas, y gracias a eso muchas mujeres participan y comandan de forma activa en nuestra sociedad actualmente.

Al igual que ellas, en tu camino también existirán obstáculos que deberás sortear, incluso situaciones en donde hasta tú mismo sientas que lo más sensato que debes hacer es claudicar, sin embargo mientras te mantengas íntegro en tus compromisos, serás recompensado en su momento.

Por ejemplo, la youtubera de finanzas personales, Karem Suarez, duró alrededor de cinco años haciendo vídeos cada semana, publicando en los días que dijo que los iba a publicar y sobre los temas que había prometido que iba a hablar. Durante esos cinco años, sus vistas por video no superaban las 250 reproducciones, aun así ella seguía férrea e íntegra en su compromiso. Un día, uno de sus vídeos se volvió viral, y bueno el resto es historia, aumentó su base de seguidores por miles, ha sido contratada por diferentes medios importantes de comunicación, entre otras más recompensas que ha recibido y seguirá recibiendo gracias a su compromiso e integridad.

Imagina todo ese trabajo durante años para tan solo 250 reproducciones. Muchos ya habrían arrojado la toalla apenas en el segundo o tercer mes, se hubiesen sentido frustrados y fracasados, pero Karem no, ella siguió pese a todo, hizo cómo dijo que haría y cuándo dijo que lo haría. Infortunadamente, hoy en día no hay muchos como ella, pero sí abundan los facilistas, esos que buscan la recompensa instantánea, esos que se rinden al poco tiempo, para ellos las recompensas serán proporcionales debido a que la vida es justa.

Karem no sabía cuándo iba a dar fruto tanto trabajo, el hecho es que tenía la certeza de que pasaría, así que adquirió el compromiso adecuado y actuó bajo la más transparente integridad. Así serán algunos de tus compromisos, tienes que tener fe de que se materializarán aunque no sepas cuándo será, y debes ser íntegro con ese compromiso. Ella cosechó méritos durante mucho tiempo, los esfuerzos tardaron años en dar fruto, pero los dieron. Cosecha desde ya los tuyos.

De los compromisos que deseas adquirir, ¿qué tienes que hacer?

¿Cuándo lo tienes que hacer?

¿Cómo lo tienes que hacer?

Haz conforme salga de tu boca.

El precio a pagar

“Cuando se trata de ‘pagar el precio,’ el precio más grande que vas a tener que pagar es tu identidad actual. Tienes que dejar de ser quién has sido o quién eres, con objeto de convertirte en la persona en la que genuinamente te quieres convertir.”
Benjamin P. Hardy

Habrá compromisos que no podrás cumplir. No se trata de falta de integridad por tu parte, se trata más de falta de capacidad. Tu identidad actual quizá no sea la que cumple el compromiso, por eso conforme adquieras compromisos más grandes y ambiciosos, tu identidad tendrá que ser igual de grande.

Todos los niveles siguientes en la vida te exigirán un precio a pagar.

Ese precio puede estar representado en asumir más responsabilidades, en obtener más conocimientos y/o reconocimientos, en superar miedos actuales, en vivir experiencias más intensas, etc. No obstante, todos esos precios se pueden condensar en uno principal: tu identidad.

¿Crees que tu versión de hace cinco años sería capaz de afrontar y resolver las situaciones que ahora tienes? Muy seguramente no, puesto que en el transcurso de estos años has evolucionado y has adquirido compromisos más elevados que te han dado resultados más elevados, experiencia, entendimiento, y te han convertido en una mejor versión.

El problema de la mayoría de personas hoy en día es que cada año que pasa están menos dispuestos a evolucionar, ya sea por miedo a la incertidumbre que exige imaginar un futuro mejor, o por la ceguera que produce la ignorancia de creer que ya lo saben todo y no hay nada que mejorar. Entonces se estancan.

De acuerdo con el filósofo británico Alain de Botton:

“cualquiera que no se sienta avergonzado de quien fue en el último año, probablemente no está aprendiendo lo suficiente.”

Si tu vida y tus resultados siguen igual, tu identidad sigue siendo la misma y no podrás aspirar a mejores compromisos.

Debes pagar el precio abandonando tu versión actual y mejorando tu identidad.

Mejoras tu identidad aumentando tus conocimientos respecto a los resultados que deseas conseguir, realizando acciones que actualmente te paralizarían de miedo, estableciendo relaciones con personas a las que por ahora no tienes acceso siendo como eres, y cambiando tu forma de pensar y tu comportamiento.

¿Tienes que aprender más sobre aquello que te interesa? Lee al menos 20 páginas sobre el tema antes de dormir.

¿Te da miedo? Actúa a pesar de sentirlo, no es fácil, pero es la única forma de acercarte a lo que buscas. Como diría Mastin Kipp:

“A menos de que estés en peligro mortal, el miedo es una brújula que te indica a dónde ir.”

¿Hay una persona con la que quisieras conversar? Di hola y aporta valor sin esperar nada a cambio.

¿Los pensamientos que tienes actualmente te limitan? Sí es así, ¿cómo deberías empezar a pensar a partir de ahora?

¿Los comportamientos que realizas día a día te acercan a tus resultados? Si no, ¿cómo deberías comportarte desde ahora?

Cambiar tu identidad requiere de honestidad y transparencia total. Decirte la verdad, reconocer que no eres tan bueno como podrías llegar a ser, que te estás conteniendo, que eres mediocre, y muchos otros aspectos que no son fáciles de reconocer, pero son parte del precio que debes pagar.

En la época de Frances Willard, la sociedad era muy laxa respecto a las medidas que tomaban en cuanto al consumo de alcohol. Fueron las mujeres de la WCTU quienes empezaron a educar a las personas de ese entonces para hacerles caer en cuenta de los daños a la salud que hacía el libertinaje de ese consumo. De a poco las personas captaron el mensaje, reconocieron su error, y la identidad colectiva evolucionó al punto de legislar lo concerniente al alcohol, así esto pasó a ser un problema menos grave del que era.

¿Qué verdades te tienes que decir, aunque duelan?

¿Qué harás al respecto para que tu identidad evolucione?

Estos cambios en tu identidad son la primera parte del precio a pagar, la segunda parte tiene que ver con integridad.

Tu cambio de identidad tiene que estar soportado haciendo las cosas que debes hacer, cuando debas hacerlas, y cómo debas hacerlas. De lo contrario, esa mejora de identidad no es auténtica y ese nuevo compromiso no dará los resultados esperados.

Conclusión

Tus compromisos se ven reflejados en tus resultados.

Tu identidad y tus resultados actuales son el reflejo de aquello a los que estás o has estado comprometido hasta ahora de manera consciente o inconsciente.

Mejores resultados en tu vida requieren adquirir compromisos más elevados.

Para tener los resultados esperados hay que ser íntegro. Debes hacer lo que dijiste que ibas a hacer, de la forma en la que lo ibas a hacer, y en el momento en que lo ibas a hacer.

La vida es justa y premia a quien lo merece. La integridad se trata de cosechar méritos en tus compromisos.

Los compromisos más elevados te exigirán un precio más alto a pagar. Ese precio lo pagas principalmente con tu identidad. Debes dejar de ser quien has sido hasta ahora y convertirte en la versión que sí es capaz de cumplir ese compromiso, ya que con tu versión actual te será imposible.

Si tu identidad no cambia, tus resultados tampoco, y mucho menos tus compromisos. Si deseas evolucionar, tienes que realizar ese cambio.

Annie Londonderri fue una ama de casa estadounidense que un día aceptó el reto de dos empresarios en Boston quienes no creían que una mujer sería capaz de darle la vuelta al mundo en bicicleta. Ellos estaban dispuestos a darle 10.000 dólares a la que fuera capaz de hacerlo. En junio de 1894, Annie inició su viaje y en menos de 15 meses logró cumplir ese reto. Ella tuvo que renunciar a su identidad de ser una mujer del hogar y convertirse en una mujer aventurera, ya que con su identidad inicial no hubiese podido lograr esta hazaña. Además, con su nueva identidad le era más fácil mantener su integridad y cumplir con un compromiso tan ambicioso.

Elige tu resultado deseado. luego decide a qué identidad deberías transformar tu yo actual para lograr ese resultado. Asume los compromisos que traen consigo esa transformación y sé íntegro con la misma. Tendrás resultados garantizados.

 

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